Perú a media luz: cuando el gas se vuelve humo

Somos una república de cartón, un país amarrado con alambres que se rompen al primer viento fuerte

  • El gobierno decreta el encierro laboral y escolar ante una crisis energética que desnuda nuestra fragilidad estructural

Por: Toto de la Torre Ugarte

El Perú ha vuelto a la pantalla. No por una vocación modernista ni por un salto tecnológico hacia el futuro, sino por el espanto de la parálisis. El anuncio de la premier Denisse Miralles -teletrabajo obligatorio y clases virtuales- es la confesión de un Estado quebrado que, ante la primera rotura de un tubo en el Cusco, se queda sin respuestas y manda a su gente al rincón.

Es la estética de la derrota. Para algunos, esto no es más que un episodio de nuestra barbarie organizativa: esa triste costumbre de que todo el país se detenga porque un tubo en el Cusco decidió fallar. Para otros, es la prueba definitiva de que somos una república de cartón, un país amarrado con alambres que se rompen al primer viento fuerte. Lo cierto es que, a partir del lunes, Lima y el Callao se convertirán en ciudades fantasma por decreto, víctimas de una fragilidad que ya parece nuestra marca registrada.

¿CÓMO LLEGAMOS A ESTO? La explicación oficial es técnica: una fuga y deflagración. Pero la explicación real es política. Hemos construido un país que depende de un solo cordón umbilical. Si ese cordón se rompe, el taxi no camina, el padre de familia no llega a la oficina y el niño no puede ir a la escuela. La solución del Gobierno ha sido la más fácil y la más cobarde: encerrarnos. Bajo el pretexto de “racionalizar” el GNV para los hogares y el transporte masivo, se sacrifica la presencialidad, ese vínculo humano que apenas intentaba recuperarse tras la pandemia.

Para el ciudadano de a pie, para el taxista que hace colas kilométricas y ve cómo el galón de gasolina vuela a los 20 soles mientras su deuda de conversión al gas lo asfixia, el mensaje es claro: usted no importa. El Estado promete cubrir los intereses de sus deudas por unos días, una limosna de corto plazo para un problema de fondo. Estamos ante un racionamiento que no solo es de combustible, sino de dignidad.

La virtualidad no es aquí un progreso, es un refugio contra la ineptitud. Mientras los políticos se pelean por quién tuvo la culpa, el país se apaga un poco más cada noche. Si no somos capaces de asegurar que un bus circule o que un colegio abra porque nos falta un recurso que brota de nuestras propias entrañas, entonces, ¿qué clase de soberanía estamos defendiendo? El lunes, cuando encienda su computadora para trabajar desde la sala, recuerde que lo hace porque afuera, en el mundo real, el Gobierno ha perdido la batalla contra la realidad.

“Se sacrifica la presencialidad, ese vínculo humano que apenas intentaba recuperarse tras la pandemia de la COVID-19”.

335,000

vehículos livianos operan con GNV.

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  • El 1 de marzo se registró una fuga y posterior deflagración en las instalaciones de Transportadora de Gas del Perú (TGP), en Cusco.
  • Tras el lamentable incidente, el gobierno declaró en emergencia el sistema de abastecimiento de gas natural en el Perú hasta el 14 de marzo.

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