Tres presos murieron este domingo a consecuencia de una reyerta desatada en la cárcel El Milagro de la ciudad de Trujillo, mientras que alrededor de ocho han quedado heridos
Una verdadera película de terror se vivió en las entrañas del pabellón 4 del penal El Milagro de Trujillo, donde una descomunal y feroz batalla campal destapó el caos absoluto, dejando un trágico saldo de tres internos salvajemente asesinados y al menos ocho heridos de gravedad. El recinto carcelario se convirtió en un escenario de pánico y sangre cuando bandas rivales se atacaron sin piedad armadas con letales cuchillos y armas blancas artesanales, desatando el pánico entre los reclusos y movilizando de emergencia a un batallón de la Policía Nacional y del INPE para frenar la masacre.
El brutal saldo de la matanza
- Caída de un cabecilla: Entre las víctimas mortales cayó el temido Alexander Zapata Miranda, alias ‘Panchata’, el temible delegado del pabellón y sanguinario exintegrante de la peligrosa red criminal ‘Los Malditos de Chicago’, quien fue emboscado en medio del violento tumulto.
- Agonía en el hospital: Mientras que siete reclusos terminaron con cortes profundos y contusiones en el tópico de la prisión, otro reo se debate entre la vida y la muerte en el Hospital Regional Docente tras ser evacuado de emergencia bañado en sangre.
Guerra maldita por el poder absoluto
Fuentes policiales y de la Fiscalía revelaron que esta carnicería no fue una simple gresca, sino una guerra declarada por el trono del penal. El sangriento enfrentamiento habría estallado por el control absoluto del penal, la extorsión interna y el millonario negocio del ingreso de drogas y objetos prohibidos que las mafias se disputan a sangre y fuego tras las rejas.
Penal en alerta máxima tras la masacre
Tras el baño de sangre, las autoridades declararon el penal en estado de sitio. Durante la madrugada de este lunes 2 de noviembre, un contingente de las fuerzas del orden desató una mega-requisa en busca de más armas. El penal El Milagro se encuentra actualmente en una bomba de tiempo debido al hacinamiento extremo, obligando incluso a miembros del Ejército Peruano a blindar los exteriores del recinto para evitar una fuga masiva o un nuevo brote de violencia incontrolable.