Keiko: ¿Se viene el tetracampeonato del fracaso?

En otro lenguaje
Por: Jaime Asián Domínguez

¿Qué pasaría si, por cuarta vez consecutiva, Keiko Fujimori pierde la elección presidencial, en esta ocasión -todo hace suponer- frente a Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú? La primera advertencia es que la hija del exdictador Alberto Fujimori se mostraría muy peligrosa, más de lo que ha sido en los últimos años.
De hecho, ella y sus súbditos naranjas volverían a repetir aquella frase que data de la derrota frente a Pedro Pablo Kuczynski, en 2016, cuando, con un tufillo a venganza, peroraron: “No ganamos la presidencia, pero tenemos el Congreso”. Aludían a las 73 curules que obtuvieron en el hemiciclo. Hoy habrían logrado 22 asientos en el superpoderoso Senado, y sabe Dios qué estarán tramando de encontrarse con la adversidad planteada.
Si bien la señora recién ha entrado a la década de los 50 años, políticamente cuatro fracasos electorales, en cualquier parte del mundo, son una contundente invitación al retiro, más allá de la edad; sin embargo, como todos sabemos, Keiko Fujimori vive de su partido -no tiene otra ocupación conocida- y se las ingeniará para mantener ese estatus, salvo que el pueblo repiense mejor su voto y no le vuelva a dar representación nacional en futuros procesos de elección popular.
Y ella sabe que se está jugando el pellejo ahora más que nunca. Abraza y besa a quienes se le ponen por delante; suda la gota gorda en costa, sierra y selva; come lo que le dan; la pega de buenita; se victimiza a raudales; evoca como modelo de gobierno al padre que tenía como preferido a su hermano Kenji; se olvidó de las investigaciones fiscales, etc. Pero si la gente despierta, revisa la historia y se pone más exigente a la hora de ir a las urnas, el tetracampeonato del fracaso podría conjurarse el próximo 7 de junio, Día de la Bandera, ni más ni menos.
Por eso es que decimos que una nueva derrota pondría de mal genio a la exesposa de Mark Vito. Sería una jubilación como lideresa, y habría que ver si tiene la piel para soportarlo de manera democrática o si, como hemos descrito líneas arriba, descarga su furia imponiendo sus intereses desde su primera minoría en el Parlamento bicameral.

Insistimos: perder cuatro veces no solo desgasta, redefine. Y ahí es donde se verá si el fujimorismo entiende el mensaje de las ánforas o insiste en torcerlo desde los pasillos del poder.


“Sería una jubilación como lideresa, y habría que ver si tiene la piel para soportarlo de manera democrática”.

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