Nicolás Maduro Guerra, hijo del expresidente venezolano Nicolás Maduro, habló por primera vez sobre la captura de su padre durante la operación militar estadounidense del pasado 3 de enero y reveló detalles sobre cómo vive actualmente el exmandatario en una prisión federal de Estados Unidos: «pensó que moriría». En sus llamadas, pregunta por la familia y hablan de fútbol
«Todos pensábamos que ese día iba a morir», afirma el hijo de Nicolás Maduro al rememorar la incursión militar estadounidense del 3 de enero que depuso al entonces presidente venezolano, en una entrevista al diario español El País publicada este domingo.
«Nico, están bombardeando. Que la patria siga luchando, vamos para adelante», recuerda Nicolás Maduro Guerra que le dijo su padre en un audio que alcanzó a enviarle esa madrugada, según señaló al periódico.
«Él pensaba que ese día moría», subraya el hijo del exmandatario, que fue capturado y trasladado a Estados Unidos para enfrentar un juicio por narcotráfico.
Esta es la primera vez que Nicolás Ernesto Maduro Guerra —Nicolasito, como lo han llamado durante años para diferenciarlo de su padre— habla públicamente sobre el 3 de enero. Es, en realidad, la primera vez que alguien cercano al mandatario da detalles a un medio de comunicación sobre aquella traumática noche en la que murieron 83 personas, entre soldados y civiles. Cuando parece que Venezuela está pasando página, el único hijo de Maduro, de 35 años, es uno de los pocos en Caracas que sigue hablando en presente del autócrata.
El diputado Maduro Guerra, conocido popularmente como «Nicolasito», afirma que graba las conversaciones que tiene cuando su padre lo llama desde la prisión de máxima seguridad en Brooklyn, donde está recluido junto a su esposa, Cilia Flores.Según cuenta el diario, el presidente depuesto ha estado leyendo la Biblia «de forma obsesiva» en la cárcel.
«Mi papá nunca había sido así, pero ahora, en las llamadas, a veces empieza por ahí: ‘Tú tienes que escuchar Mateo 6:33. Y Corintios 3. Y el Salmo 108′», dice su hijo en la entrevista.
Maduro Guerra explica que su padre le pregunta por la familia, por la Asamblea Nacional y por el fútbol, como cuando el Barcelona quedó eliminado de la Champions en abril y su padre se enfadó: «Coño, esa fue una cagada».
A finales de marzo, durante una manifestación en Caracas en apoyo al presidente depuesto, Maduro Guerra dijo a la AFP que esperaban que «el juicio se siga dando en el marco de la legalidad de los Estados Unidos» y que se «desestimen los cargos».
Por suerte para su hijo, hace tiempo que Maduro lee más libros. Lo primero que pidió fueron tres textos: el Discurso de Angostura de Bolívar, las obras completas del libertador y la Constitución de Venezuela. Después llegaron biografías, libros sobre la historia de Estados Unidos, Doña Bárbara, del venezolano Rómulo Gallegos. García Márquez. El Estado y la revolución, de Lenin. “Ya lleva como 60”, calcula el hijo, que asegura que ahora intercambia ejemplares con otros presos. También le ha mandado los libros de metafísica de Conny Méndez, una autora venezolana que leía su abuela. Y el código penal de Nueva York, para que Cilia Flores, abogada, lo estudie desde su celda del ala femenina de la prisión.
El destino de Nicolás Maduro es incierto. Enfrenta cargos por cuatro delitos de narcoterrorismo y posesión de armas. Pero su hijo y su entorno lo tratan como un rehén. “Tenemos fe en que pueda volver”, dice Maduro Guerra. Pero no en los tribunales. “El juez parece un buen hombre, vamos a dar la batalla jurídica, pero esto [su vuelta] es parte de un acuerdo político”, dice.
Actualmente, Nicolás Maduro enfrenta un proceso judicial en Nueva York, mientras su entorno insiste en que su eventual liberación dependerá más de un acuerdo político que de los tribunales estadounidenses.