El maquillaje que necesita Keiko Fujimori

En otro lenguaje

Por: Jaime Asián Domínguez

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Conversación en el Queirolo de Pueblo Libre: “Qué feo arranque de este gobierno” se escucha de un lado. “La China está en nada”, del otro. Se extiende la charla y el consenso, con la opinión incluso de quienes aceptan haber votado por ella, fue que la lideresa de Fuerza Popular no ha mostrado método ni discurso y se ha dedicado a apagar pequeños incendios, lejos de la natural expectativa que generó su llegada a Palacio después de tantos años de buscar compulsivamente la banda presidencial.

Desmenuzando ideas, aparte de la falta de energía en su lenguaje, lo que nosotros subrayamos como peligroso es la pérdida de credibilidad. Keiko Fujimori ha aterrizado oficialmente en el poder con una alforja política y judicial pesada y está ante la gran oportunidad de lavarse la cara con eso que en cierto momento mostró su padre, Alberto Fujimori: empatía con el pueblo. Sin embargo, el cuádruple asesinato, seguido de un secuestro en Trujillo, la ha dejado mal parada cuando apenas lleva un mes y pico como jefa del Estado.

Y aquí solo hay dos alternativas: (1) O a la presidenta se le están escapando las tortugas en su estreno al mando de las riendas del país y no logra conjugar acciones y pasiones para que sus ministros -sobre todo los del Interior y Defensa- y mandos policiales -con el impresentable general Óscar Arriola a la cabeza- muestren las evidencias, la verdad de la milanesa, sin dudas ni murmuraciones, amparados en la eficiencia.

O (2), en efecto, como muchos peruanos rumorean, hay gato encerrado en el plagio y liberación del empresario minero, con el propósito de jalar réditos en medio de esta, hasta el momento, perdida lucha contra la delincuencia y el  crimen organizado. En otro lenguaje, mucha gente cree que existe un burdo montaje que no le hace ningún favor a la naciente gestión de Fujimori Higuchi. Máxime si, como decía Cicerón, aun cuando digan la verdad, los mentirosos no son creídos.

Y, desde luego, eso de que “para el otro año será”, en alusión -al estilo pompinchunesco- a que recién en 2027 empezaremos a ver resultados en seguridad y se concretará el incremento de Pensión 65, como lo expresó Keiko Fujimori, no ha sido tomado como un buen chiste por un Perú que está harto de payadas.

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Consejo de pata: En política, como en la vida misma, la paciencia puede esperar, pero la credibilidad no es una cuenta de ahorros que se pueda retirar cuando a uno le dé la reverenda gana. Y si este gobierno pretende que la población le crea mañana, más vale que empiece a decir la verdad y a demostrar resultados desde hoy.

“En otro lenguaje, mucha gente cree que existe un burdo montaje que no le hace ningún favor a la naciente gestión de Fujimori Higuchi”.

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