EN OTRO LENGUAJE
JAIME ASIÁN DOMÍNGUEZ
Consultor de contenidos y analista político – @jaimeasian

Hay días en que me pregunto por qué algunos países logran avanzar con paso firme mientras el Perú parece condenado a tropezar una y otra vez con la misma piedra. Ninguna nación es perfecta, pero en muchas de ellas la inseguridad es manejable, el debate público transcurre en un nivel muy superior, sus presidentes llegan al poder con trayectorias mucho menos cuestionadas y hasta en el fútbol entienden que el orgullo nacional se defiende con entrega.
Ahí está Paraguay, poniendo cojones por su camiseta en el Mundial y devolviéndole la ilusión a su gente. En cambio, aquí pareciera que nos hemos acostumbrado a la frustración. La clase política ha perdido cualquier brújula ética y el Congreso de la República refleja, elección tras elección, la incapacidad de renovar liderazgos verdaderamente representativos. Como ocurre en nuestro fútbol, también en la política escasean las nuevas generaciones capaces de despertar esperanza. Pero el problema no termina en quienes gobiernan.
También empieza en quienes los elegimos. Desde hace varios procesos electorales votamos como quien compra un ticket de lotería: apostando al azar, al “que sea lo que Dios quiera”, al “ya veremos sus estamentos. Necesita autoridades competentes y honestas, una democracia capaz de generar seguridad, oportunidades, calidad de vida y menos pobreza. qué pasa”. Elegimos con más resignación que convicción, como si el destino del país pudiera quedar librado a la suerte.
Esa actitud termina siendo el mejor aliado de la improvisación. Ya es hora de dejar de reducir el debate a la falsa dicotomía entre derecha e izquierda, o de conformarnos con candidatos “tibios” que solo administran la polarización. El Perú necesita grandeza en todos También requerimos reconciliarnos con los principios que alguna vez dieron sentido a nuestra identidad. El viejo código moral de los incas -ama llulla, ama sua, ama quella- no debería ser una consigna para los discursos oficiales, sino una guía de conducta para gobernantes y ciudadanos.
Ojalá que en el próximo quinquenio los apus nos concedan el milagro de empezar a revertir esta pesada cruz que arrastramos los peruanos. Pero, si ese milagro llega, no será únicamente por obra del destino. Será porque, al fin, entendimos que el país que tenemos es, en buena medida, el resultado de las decisiones que tomamos como ciudadanos. A ver si le hacemos entender a Keiko Fujimori, la mandataria electa, esta urgencia.
“Como ocurre en nuestro fútbol, también en la política escasean las nuevas generaciones capaces de despertar esperanza”