En exclusiva con el padre Luis Alejandro Bazalar García, el presidente revela que acelera ayuda para los pueblos olvidados, destraba fondos de emergencia y anuncia gestiones para invitar al papa León XIV al Perú.
“No me interesan los ataques de los malandrines. Me interesa la justicia social y la pacificación del país”.
Hay presidentes que solo se dedican a administrar para no hacerse problemas y otros apenas sobreviven. Y existen algunos pocos que entienden que gobernar es asumir el peso histórico de una nación herida y sanarla. José María Balcázar ha decidido caminar por ese último sendero. Balcázar y la hora del Perú profundo En la segunda entrevista exclusiva concedida a Diario UNO, el mandatario confirmó que, lejos del espectáculo mediático y del griterío de la política barata, su gobierno continúa auxiliando con firmeza a los pueblos más olvidados del Perú.
Lo hace en silencio, pero con hechos. Puno, Cusco, Arequipa, Ayacucho y Junín aparecen hoy dentro de una estrategia que busca acelerar recursos y destrabar proyectos para municipios rurales históricamente abandonados. Lo mismo ocurre en Amazonas, Cajamarca y distintas localidades de Piura, La Libertad y Chiclayo, donde el Ejecutivo viene acelerando apoyo y fondos de emergencia. Pero quizá uno de los temas más sensibles tratados durante la conversación fue la situación de Nauta, en Loreto.
Balcázar confirmó que ha llamado a consulta al ministro de Energía y Minas para resolver de raíz los apagones permanentes y la tragedia silenciosa de miles de peruanos desconectados del desarrollo y de la propia patria. Detrás de estas decisiones no existe únicamente gestión. Hay una visión. embolsos para zonas alejadas. También busca dejar marcada una senda para el próximo gobierno. Algo parecido a lo que hizo Juan el Bautista: preparar el camino. Y, Balcázar entiende que el Perú no podrá sostenerse mucho más tiempo dividido entre un grupo que concentra poder y millones de ciudadanos invisibles para el centralismo.
Por eso insiste en la reconciliación nacional desde las obras concretas y no desde los discursos vacíos. En esa lógica, el presidente encuentra más inspiración en Túpac Yupanqui que en Pachacútec. Mientras uno expandía sometiendo, el otro logró extender, pacificar y unif icar, quechuizando el Tahuantinsuyo con visión estratégica y sentido de integración. Balcázar quiere dejar la idea de una patria donde nadie sobre, incluso los ricos. No solo acelera desmientras tanto, la prensa hegemónica, mercantilista y muchas veces prostituida al poder económico continúa obsesionada con destruir antes que construir. Esa misma prensa que guardó POLÍTICA 3 www.diariouno.pe profundo malestar del presidente por los presupuestos insuficientes heredados para el Ejército peruano. Señaló que no permitirá que continúe el desequilibrio histórico entre las Fuerzas Armadas y que trabajará para garantizar una distribución justa entre Marina, FAP y Ejército. silencio frente a abusos, pactos mafiosos y cogobiernos vergonzosos hoy intenta convertir cualquier gesto de unidad nacional en motivo de ataque. Sin embargo, Balcázar parece haber entendido algo elemental: los pueblos ya no creen en los editorialistas de salón.
Creen en quien llega donde nadie llegó. Durante la entrevista también se abordó el Pero quizá el momento más humano y trascendente de la conversación apareció cuando anunció que ha solicitado formalmente autorización para viajar al Vaticano este 18 de junio e invitar personalmente al papa León XIV a visitar el Perú. No se trata únicamente de diplomacia. Balcázar habló de la necesidad de reencontrarnos con el Jesús de la historia y de la fe: el Cristo de la paz y la misericordia, pero también el Jesucristo de la justicia social.
Allí apareció nuevamente la figura de Túpac Yupanqui. Como recordaba José Antonio del Busto en su libro Túpac Yupanqui, El Resplandeciente, aquel gran inca, por no decir el mejor y equiparado solo al gran Alejandro Magno, jamás dejó de ser estadista ni hombre profundamente religioso. Después de sus viajes, de su descubrimiento de Oceanía y la Polinesia, y de sus conquistas, regresaba en peregrinación a Pachacámac para agradecer a su “Dios”. Curiosamente, con el catolicismo y con la fe, ese Dios “desconocido” es nada menos que el verdadero Cristo de Pachacamilla, nuestro amo y Señor: el Señor de los Milagros. Balcázar quiere algo muy parecido: dejar un Perú más integrado, más justo y espiritualmente reconciliado consigo mismo.
Hablamos también de Santo Tomás, de Cicerón, de Rorty, de Byung-Chul Han, de Xi Jinping, de Marco Aurelio, del emperador Claudio y de Julio César, traicionado por un Senado corrupto. Porque la política, cuando se separa de la filosofía y de la moral, termina convertida en simple negocio. Y por eso el presidente insiste en repetir que el Perú debe volver a pertenecer a quienes trabajan, producen y levantan esta patria todos los días. No a las mafias. No a las hienas. No a los mercaderes del odio. Sino al pueblo.