Washington vuelve a imponer su agenda y mete al Perú bajo el “Escudo” de Trump, para eso vino Marco Rubio

Sobre el papel, alianza impulsará cooperación militar, a Argentina, Ecuador, El Salvador y otros gobiernos alineados con la Casa Blanca. Juan Pedro Chang policial e inteligencia para combatir el crimen transnacional bajo el liderazgo yankee

Perú se suma al “Escudo de las Américas”, junto a Argentina, Ecuador, El Salvador y otros gobiernos alineados con la Casa Blanca

Washington vuelve a extender sus tentáculos sobre América Latina y esta vez el Perú aparece dispuesto a colocarse bajo su paraguas. El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, llegó a Lima tras confirmar la incorporación de nuestro país al denominado “Escudo de las Américas”, iniciativa impulsada por Donald Trump que articula a diversos gobiernos de la región alrededor de la estrategia de seguridad diseñada desde la Casa Blanca. El “Escudo” fue presentado en marzo durante una cumbre convocada por Trump en Miami y reúne a Estados Unidos, Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana, Trinidad y Tobago y, ahora, Perú, además de la posterior incorporación de Colombia. Su carta de presentación resulta impecable: combatir organizaciones criminales transnacionales, narcotráfico, migración irregular y otras amenazas mediante intercambio de inteligencia y cooperación policial y militar. El detalle es quién conduce la orquesta: Estados Unidos.

La incorporación peruana tampoco fue una decisión improvisada. Keiko Fujimori había manifestado desde antes de asumir la Presidencia su intención de ingresar al mecanismo y el canciller Carlos Espá confirmó posteriormente las gestiones. Finalmente fue Rubio quien anunció desde Washington que estaban “recibiendo al Perú” en el Escudo, una frase bastante gráfica sobre quién invita, quién pone las reglas y quién termina ingresando al club. La delincuencia transnacional constituye, sin duda, un problema que exige cooperación internacional. Pero una cosa es intercambiar información y discusión latinoamericana: soberanía o subordinación. coordinar la persecución de mafias que cruzan fronteras y otra muy distinta aceptar que Washington vuelva a convertirse en el gran jefe de la seguridad continental.

Bajo el atractivo envoltorio de inteligencia, tecnología y apoyo militar estadounidense reaparece una vieja La llegada de Rubio tampoco puede separarse de la disputa que Estados Unidos mantiene con China por la influencia económica y política en América Latina. El secretario de Estado destacó las inversiones norteamericanas en sectores estratégicos, recordó el acuerdo sobre minerales críticos firmado con el Perú y cuestionó proyectos respaldados por Beijing. El mensaje resulta difícil de disimular: Washington no solo quiere ayudarnos a perseguir delincuentes; también quiere recuperar terreno frente al gigante asiático. Así, mientras desde el Gobierno se celebra el ingreso al “Escudo de las Américas” como un avance en seguridad, el Perú termina incorporándose a una arquitectura regional diseñada y liderada desde Washington. Primero llegan la cooperación, los asesores, la inteligencia y el apoyo militar; detrás aparecen los minerales estratégicos, China y los intereses geopolíticos de la primera potencia mundial. Cambian los nombres, cambian los presidentes y cambian los discursos, pero América Latina conoce demasiado bien esta historia.

¿SEGURIDAD O NUEVA DOCTRINA MONROE?

La doctrina Monroe nació hace más de dos siglos bajo la consigna de “América para los americanos”, aunque la historia terminó demostrando quiénes eran los “americanos” que Washington consideraba llamados a dirigir el continente. Ahora Trump presenta un “Escudo de las Américas” y vuelve a colocar a Estados Unidos como conductor de una alianza regional que abarca seguridad, inteligencia y cooperación militar. El contexto tampoco es casual. China ganó durante las últimas décadas una presencia económica formidable en Sudamérica y el Perú constituye una pieza especialmente importante por sus minerales, infraestructura y ubicación en el Pacífico. Rubio dejó pocas dudas al respecto al combinar su agenda de seguridad con referencias a minerales críticos y cuestionamientos a proyectos respaldados por Beijing. Combatir al narcotráfico, la minería ilegal y las organizaciones criminales requiere cooperación entre Estados. Lo que no requiere es convertir esa necesidad en patente de corso para que una potencia extranjera vuelva a decidir las prioridades estratégicas de América Latina. El Perú necesita aliados, no tutores. Y menos todavía regresar, en pleno siglo XXI, a los tiempos del patio trasero.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *