Una fiesta persa llamada elecciones

En otro lenguaje

Por. Jaime Asián Domínguez

¿Fiesta democrática? A ver. Uno va a una fiesta voluntariamente, porque quiere disfrutar y pasarla bien. No fue el caso con las Elecciones Regionales y Municipales 2026 desarrolladas ayer. Ciertamente, hay un estoico grueso de peruanos que gusta de ir a las urnas (a cumplir su deber ciudadano, dicen), así llueve o truene, pero la mayoría detesta elegir autoridades porque lo considera una pérdida de tiempo y, si no fuese por las multas imperantes, simplemente se quedaría en su casa a ver alguna serie turca.

El otro detalle importante es que cada elección, incluida la general, parece un mercado persa, con candidatos, promesas y un bullicio callejero terroríficos. Y la jornada de este 4 de octubre no ha sido la excepción, haciéndosela difícil a una ciudadanía harta ya de autoridades corruptas y lejanas de las necesidades locales. Dentro de ese universo de vendedores de cebo de culebra el votante tuvo que navegar buscando el mal menor que, casi siempre, resultó el peor, porque la premisa es empacharse con las mieles del poder y que el servicio al vecino se vaya al diablo.

En una fiesta, además, hay reglas que acatar, impuestas por el dueño de la casa, léase el Jurado Nacional de Elecciones para el caso que nos convoca. Sin embargo, tenemos un JNE que hasta el último momento no resolvía categóricamente si los alcaldes salientes podían postular como primeros regidores y la ‘Fiesta democrática’ no hizo sold out simplemente porque la informalidad tiene voz y voto, a lo que se suma una ONPE que ya sabemos de lo que es capaz tras el roche de la elección presidencial, en la que el material electoral no llegó a determinadas mesas de sufragio.

Y la ‘fiesta democrática’ no acabó ayer, porsiacaso. Las regiones en las que ninguna fórmula obtuvo al menos el 30% de los votos válidos irán a una segunda vuelta, establecida para el 29 de noviembre. Una especie de ‘El baile de los que sobra’. Más gasto público, más desgaste emocional, más distracciones en un país en el que los alcaldes y gobernadores poco o nada han podido hacer frente a la inseguridad porque desde el Ejecutivo tampoco hay balas para pararle el macho a tanto ‘Monstruo’, ‘Pulpo’ y delincuentes comunes que pululan a sus anchas por calles y plazas.

Finalmente, quizá el problema no sea que sobren ‘fiestas democráticas’, sino que todavía nos falta aprender a elegir. Porque mientras el ciudadano de a pie siga votando por obligación, por costumbre o por descarte, otros seguirán haciendo de la política su fiesta particular.

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“Porque la premisa es empacharse con las mieles del poder y que el servicio al vecino se vaya al diablo”.

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