Perú en espera de un salvador

Elecciones Generales 2026 en medio del hartazgo y la indiferencia ciudadana

  • Sin liderazgos nuevos ni confianza en los de siempre, el país observa resignado mientras el miedo, la corrupción y el desencanto marcan el pulso político

Por: Marcos Domínguez

Faltan menos de dos meses para las elecciones generales de 2026 en el Perú y la gente parece anestesiada. No hay reacción frente a la indolente clase política que nos gobierna, esa que convirtió el poder en un cambalache permanente y terminó por encumbrar a un mandatario como José María Balcázar, fruto de las cuchipandas entre bancadas que ya conocemos.

Pero tampoco hay entusiasmo frente a la oportunidad de cambiar las cosas en las urnas. Con la votación a la vuelta de la esquina, la siempre perdedora Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga siguen punteando una preferencia que debería darles vergüenza. ‘Porky’ apenas sobrevive en los dos dígitos y la ‘China’ -como ella misma se define, con baile incluido- coquetea con la baja. El resto permanece colgado de un palo encebado, jalándose las patas entre sí, incapaces de ofrecer algo más que su propia supervivencia.

Es una paradoja grotesca: a la gente parece importarle un bledo la repartija de poder que se cocina en el Congreso, pero al mismo tiempo mira de reojo los comicios que podrían sacar a estos impresentables del tablero. Mientras tanto, el No sabe/No opina y los votos nulos siguen siendo, otra vez, el candidato ganador.

MALDITA SEA. El hastío se respira en los mercados, en los paraderos, en las esquinas. “Maldita sea, ¿por qué no aparece un candidato nuevo, con propuestas convincentes, que entierre de una vez por todas a estos postulantes de siempre que solo buscan seguir prendidos de la mamadera?”, se pregunta un comerciante en Surquillo. Su frustración no es única: es el eco de un país cansado de los mismos apellidos, de las mismas promesas recicladas, de la misma mediocridad administrando el destino de millones.

Mientras tanto, el país se desangra. La delincuencia ha tomado cada rincón, de cabo a rabo, y hasta los vendedores de yuquitas tienen que pagar cupos para poder trabajar. Vivir se ha vuelto resistir. Trabajar se ha vuelto negociar con el miedo. Y el Estado, ese que debería proteger, parece ausente o cómplice, atrapado en sus propias intrigas y miserias.

Por eso no sorprende que muchos miren al cielo -literal o simbólicamente- esperando que algo o alguien irrumpa y rompa este círculo vicioso. No un salvador mítico, sino una figura capaz de devolver sentido, orden y dignidad a la política. Porque cuando la democracia se llena de zánganos, cuando el poder se pudre como basura al sol, lo único que queda es la esperanza -por mínima que sea- de que aparezca alguien dispuesto a limpiar la casa. El Perú, hoy más que nunca, no busca un candidato más: busca a alguien que lo rescate de sí mismo.

“La delincuencia ha tomado cada rincón, de cabo a rabo, y hasta los vendedores de yuquitas tienen que pagar cupos para poder trabajar”.

12

de abril son los temidos comicios en Perú.

  • Los peruanos acudirán a las urnas para elegir al presidente, senadores, diputadores y representantes del Parlamento Andino.
  • Una eventual segunda vuelta está prevista para el domingo 7 de junio de 2026, si ningún candidato alcanza más del 50 % de los votos válidos.

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