Pasan a segunda vuelta…


Entre curules y fajines (caña)
El papel de las encuestas en las elecciones del domingo 12 de abril


• Las encuestadoras ya han pasado más de un roche cuando los resultados reales del escrutinio las contradijeron.
Por: Marcos Domínguez
Hablar de encuestas es hablar, inevitablemente, de la duda. Se publican con cifras exactas, gráficos elegantes y porcentajes que pretenden retratar el ánimo del país, pero pocas veces explican con claridad cómo se elaboran. En lo personal -y no soy el único- rara vez una encuestadora ha tocado mi puerta o me ha detenido en la calle para preguntarme por mis preferencias electorales. Quienes creen en ellas, están en su derecho. Quienes desconfían, también.
La sospecha no es gratuita. En el Perú las encuestadoras ya han pasado más de un roche cuando los resultados reales del escrutinio contradijeron lo que semanas antes mostraban sus gráficos. El papel aguanta todo, pero las urnas suelen ser menos complacientes. Y conviene recordar algo elemental: las encuestas también son un negocio. Y todo negocio, en mayor o menor medida, suele tener la tentación de satisfacer a quien paga el servicio.
No es raro entonces ver cómo algunos candidatos saltan de un porcentaje a otro como si el respaldo ciudadano fuera un ascensor descontrolado, aun cuando el humor de la calle parece ir en sentido contrario. Seguramente existen encuestadoras serias que intentan reflejar la realidad con rigor. Pero sería ingenuo pensar que todas carecen de “corazoncito”, ya sea por afinidad política o por intereses contratados.
Y en ese juego de números, conviene no olvidar que el ciudadano común también aprende. Hoy la población mira con más atención y más escepticismo. Aunque a veces parezca lo contrario, la gente está con los ojos abiertos. Por eso no sería extraño que varios de los candidatos que hoy las encuestas colocan con posibilidades de gobierno terminen -cuando llegue la hora de votar- por las patas de los caballos. Después de todo, los últimos quinquenios han dejado a la clase política en un estado lamentable. Y como si eso fuera poco, muchos de esos mismos legisladores que han mostrado tan poca eficacia ahora pretenden copar las cámaras de diputados y senadores.
GRANDE PELÉ. Las encuestas, por supuesto, no son nuevas ni exclusivas de la política. En todos los ámbitos se usan para medir popularidad, tendencias o preferencias. El propio Pelé ironizaba sobre el tema con una mezcla de humor y modestia: “Tal vez diga una blasfemia, pero con una lógica. ¿Saben que en cualquier encuesta soy más conocido que Jesucristo? A mí me da risa, soy católico y sé lo que significa Jesús con sus valores”. La frase del brasileño, más que irreverencia, revelaba algo simple: las encuestas miden notoriedad, no necesariamente profundidad ni convicción.
Quizá por eso una de las definiciones más certeras sobre el tema no proviene de un político ni de un estadístico, sino de un periodista colombiano. Álvaro Gómez lo dijo con una metáfora tan cruda como precisa: “Las encuestas son como las morcillas: muy sabrosas hasta que uno sabe cómo las hacen”.

Y ahí está el punto. Las encuestas pueden orientar, sugerir tendencias o alimentar titulares, pero no deberían confundirse con la voluntad definitiva de un país. Esa, al final, no se cocina en laboratorios estadísticos ni en oficinas de consultoras. Se decide en silencio, dentro de la cabina de votación, cuando el ciudadano está solo frente a la cédula y elige, lejos de gráficos, porcentajes y pronósticos interesados. Porque en política, como en la vida, la última palabra casi nunca la tiene la encuesta. La tiene la gente.

7

de junio será la eventual segunda vuelta.

“Quienes creen en ellas, están en su derecho. Quienes desconfían, también”.

7

de junio será la eventual segunda vuelta.


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