Los primeros pasos y tropezones de Keiko

En otro lenguaje

Por: Jaime Asián Domínguez

Está por cumplirse una semana de que el sueño dorado de Keiko Fujimori se hiciera realidad al jurar como presidenta de la República. Es prematuro hacer diagnósticos certeros de lo que será su mandato de cinco años, “ni un día más”, pero sí podemos comentar cómo ha sido su arranque al mando del país.

Y vamos por el principio. Su staff de ministros, jefaturado por Luis Galarreta, ha recibido más críticas que elogios, específicamente por la presencia de Rafael Rey en Transportes, Alberto Beingolea en Cultura, Luis Dyer en Salud, Carlos Espá en Relaciones Exteriores y el propio Juan Sheput en Trabajo. El reparo se sustenta en que es un gabinete más político que técnico, lo que se contradice con la urgencia de soluciones que demanda la población.

La mandataria todavía está en modo futurista: se harán, se fortalecerán, se realizarán, etc. La promesa de gobernar con “método, disciplina, trabajo y una ruta clara” aún está en ciernes y, quizá, de momento, la acción más importante sea el anuncio de un proyecto de ley mediante el cual el Ejecutivo solicitará la delegación de facultades.

Y es que la iniciativa tiene como propósito emitir normas en materias como seguridad ciudadana, flexibilización laboral, desarrollo productivo, simplificación administrativa y modernización del Estado. Quizá Fujimori Higuchi le está respondiendo así a su socio político Rafael López Aliaga, que se mandó una frase de antología: “Reduzca ministerios de una vez. Hay mucho vago, mucho amiguito en el gabinete”. Es su opinión.

Claro que resulta importante que vaya al epicentro de la tragedia en Chongos Bajo; desde luego, debía visitar al militar herido durante una operación en el Vraem; por supuesto, solidarizarse con los deudos de las víctimas del accidente aéreo en Ica; se entiende que defienda a su Consejo de Ministros; pero no puede olvidar que, si no golpea la mesa desde el inicio, si no mete un golazo de gestión desde el saque, las expectativas de sus votantes pueden empezar a diluirse.

La única manera de acallar las detracciones iniciales es demostrar que ese afán, casi estoico, por llegar a Palacio no se ha perturbado con la banda presidencial encima; todo lo contrario, Keiko debe advertir en toda su dimensión que, por ejemplo, sigue muriendo gente todos los días a manos de extorsionadores y que el puntillazo de apertura del ORDEN prometido en campaña se ha quedado en que las Fuerzas Armadas saldrán a chapar delincuentes. Quod erat demonstrandum.

“El reparo se sustenta en que es un gabinete más político que técnico, lo que se contradice con la urgencia de soluciones que demanda la población”.

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