En otro lenguaje
Por: Jaime Asián Domínguez

Aparte de César Acuña y José Luna, que invirtieron millonarias campañas publicitarias -plata como cancha- y quedaron por las patas de los caballos, el gran perdedor de la campaña electoral ha sido Rafael López Aliaga, el popular ‘Porky’.
Y la derrota, que debe ser oficializada por el Jurado Nacional de Elección en atención a la contabilización oficial de actas, responde a varios aspectos, empezando por su yoísmo (la acción de ser yo sobre todas las personas, cosas y situaciones).
Recuerden bien sus discursos cuando postulante a alcalde y ahora último como candidato presidencial: ¿Alguna vez lo escucharon hablar de trabajo en equipo, de “nosotros”, de sus vicepresidentes (Norma Yarrow estuvo casi pintada y Jhon Ramos Malpica -mucho gusto- ni qué se diga)?
Si su sobrino Phillip Butters es el sabelón, el líder de Renovación Popular se cree el sabelotodo y, desde los adentros partidarios, revelan que no acepta consejos o sugerencias. El media training o la mentoría no cazan con su ego colosal (con el perdón al extinto Alan García). La frase “es mi opinión”, que le brota constantemente en su retaceada dialéctica, refrenda este sesgo de su perfil.
Y hablando de retórica, López Aliaga es un pésimo orador, aun dentro de ese precario universo de exponentes políticos que tenemos por estos tiempos. Exclama bajito, adolece de acento (o tilde) en sus oraciones y no mira mucho a la gente, gesto que -según los entendidos- resulta un pecado capital al momento de vender una idea.
Y, claro, hubo dos hechos que coadyuvaron a que prácticamente la ONPE le diga “eso es todo, ‘Porky’”, por el resultado en las ánforas: (1) incumplir su palabra de no abandonar la municipalidad capitalina para tentar la Presidencia, y (2) dejar precisamente a Lima a la deriva en contraparte a su promesa electoral de transformarla en potencia mundial. La yapa es que se trajo un tren dado de baja en Estados Unidos y quiso echarlo a andar a la prepo en la ruta a Chosica, con ese autoritarismo (o yoísmo) que lo caracteriza.
Al final, tanto “yo, yo y yo” terminó en algo que ya se veía venir: el “ya fuiste”. Porque en campaña puedes creerte imprescindible, pero en las urnas el único que decide si sigues o no… nunca eres tú. Es mi opinión, ‘En otro lenguaje’.
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“Si su sobrino Phillip Butters es el sabelón, el líder de Renovación Popular se cree el sabelotodo…”.