La luna de hiel de Keiko Fujimori

En otro lenguaje

Por: Jaime Asián Domínguez

A dos mes y medio de haberse sentado en Palacio de Gobierno, Keiko Fujimori está en deuda con la población y, suponemos, que con ella misma, y el Infocorp popular, el que recopila información sobre el accionar gubernamental, ya empieza a ponerla en rojo, por no decir a ponerle la cruz.

A los que siempre discrepamos con su comportamiento político nos hubiese gustado estar equivocados y que, luego de cerca de 20 años arremetiendo por ponerse la banda presidencial, la hija de Alberto Fujimori diera la sorpresa con una gestión que fuera directo a la yugular de los problemas coexistentes, como prometió en la campaña electoral, pero ni por asomo ha sido así.  

A los pocos días de su asunción, en entrevista con el meloso Ismael Cala, la mandataria expresó: “he decidido casarme con el Perú”, y el meme se completó con: “¿Y si el Perú no acepta?”. Y es que el orden y tantas otras promesas para combatir ipso facto la criminalidad empezaban a convertirse en una quimera.

Y ahí mismo terminó por traerse abajo el resto de expectativas al decir que los 15 días eran insuficientes para pedir resultados y soltar el siguiente epitafio: “(recién) a partir del próximo año vamos a ir viendo mejorías”, incluyendo el programa Pensión 65. De inmediato, tirios y troyanos hicieron alusión al chiste del recordado cómico Alonso Gonzales (Pompinchú): “Pal’otro año será”.

El rápido divorcio de la población se vio refrendado en una encuesta de Datum que le otorgó una pérdida de 18 puntos de aprobación (de 60% a 48%), mientras que el rechazo ciudadano aumentó del 24% al 44%, o sea, 20 puntazos más de animadversión que no son poca cosa.

Otro detalle que la aleja de la empatía ciudadana es el lenguaje de candidata que lleva impregnado en el alma. “Se va a hacer…”, “se realizará…”, etc. ¿Y sus asesores en Comunicaciones? Avísenle que, finalmente, logró hacerse presidenta y que el uso del papelito o la ayuda memoria hasta para lanzar un saludo resulta delator, de mal gusto o políticamente incorrecto.

Encima, los ministros tampoco la ayudan mucho. Ejemplo: el ‘héroe’, que promocionaba con pompas en la campaña como parte de su equipo y que hoy es el titular del Interior, César Astudillo, espetó en el Congreso: “Oe, y ahora cómo hago para leer toda esta huevada”, en alusión a los planes del Ejecutivo para enfrentar a la delincuencia. Sí, el mismo que casi se mecha con Iber Maraví en el Senado.

Una verdadera luna de hiel, la de Keiko.

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“Y es que el orden y tantas otras promesas para combatir ipso facto la criminalidad empezaban a convertirse en una quimera”.

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