“A LOS 15 DÍAS DE EMPEZAR, YA ME QUERÍA IR, PERO REACCIONÉ”
El extraordinario fotógrafo peruano Jorge “Canito” Verastegui, recuerda con toda claridad el día en que su padre lo introdujo en la sección de revelado de fotografía en el diario El Comercio, un 4 de agosto de 1971. Desde ese día inició un camino de aprendizaje y consolidación de una vocación que se reveló en el camino, y que lo ha llevado a convertirse en un importante referente de la fotografía periodística en el Perú. Aquí su testimonio.
¿Cuándo iniciaste tu vinculación con las cámaras, con la fotografía?
Cuando tenía 17 años, más o menos, yo regresé de Huanta (Ayacucho), donde estuve viviendo por un año y mi padre, que trabajaba en El Comercio y quería que haga algo con mi vida, me llevó al diario y me mandó con Enrique Wong, quien era Jefe de Fotografía en ese momento. Fue un 4 de agosto de 1971. Él me preguntó si era fotógrafo y yo le respondí que me habían enviado ahí a trabajar. Me dijo: te vas a quedar como ayudante de Fotografía. Y me quedé. Ahí encontré a varios fotógrafos profesionales y también conocí a otros fotógrafos jubilados que llegaban todos los días a recibir sus periódicos de cortesía. Los recuerdo a todos.
¿Qué fue lo primero que hiciste al llegar a ese departamento de Fotografía?
Empecé como ayudante de un señor llamado Basilio Mendoza, a quien llamaban “Mendocita”, quien se encargaba de todo lo que era el revelado. No sabía leer ni escribir, pero era un capo en el conocimiento de los químicos para revelar. Otro gran profesional del revelado en ese lugar fue Julián Espinoza. Yo era un joven de pelo largo, que pensaba en música y fiestas y a los 15 días de estar ahí ya me quería ir. Pero después me dije: no, me quedo. Quería ser como los otros fotógrafos que veía y que salían en comisiones.
¿Ese fue el momento en que encontraste tu vocación por la fotografía?
Me gustaba trabajar ahí, yo bajaba los contactos para que el editor escoja las fotos del día, de ahí buscaba los negativos de lo que había escogido el editor y se los llevaba al laboratorista para que haga las fotos. Bajaba y subía rápidamente por una escalera de caracol, así estaba todo el tiempo. Empezaba a las 3 de la tarde hasta las 7 de la noche, bajaba y subía. Al final llevaba las fotos con las leyendas a la sala de edición, para que el editor tome la decisión final. Después, me quedaba hasta las 10 de la noche, con el fotógrafo de turno.

¿Cuánto tiempo estuviste realizando esa labor?
Así pasé dos años más o menos, aprendiendo revelado y viendo las fotos, ya sabía cuáles fotos estaban bien tomadas y cuáles no, lo que me sirvió mucho ya que mi deseo era ser fotógrafo, pero para ocupar ese cargo tenía que morir uno de los titulares. Los fotógrafos titulares eran muy celosos con su trabajo, no enseñaban nada, yo solo aprendía viendo los negativos, donde se veía la calidad del fotógrafo.
¿Cuándo tomaste tu primera foto periodística?
Yo era muy confianzudo y paraba en todas las secciones. En la Sección de Deportes estaba como jefe Lucho Garro, un periodista argentino muy respetado. Me llamaba “pescadito”, por lo joven y delgado, y un día me dijo: “ándate el domingo a Huaral, como sea”. Jugaba Alianza contra Huaral. Los demás fotógrafos me miraron con celos, esa fue mi primera comisión como fotógrafo. Me fui a Huaral con el extraordinario Coco Cárdenas, y mi papá como chofer. Todo salió bien. Fui a revelar y con los nervios de mi primera foto periodística le di más tiempo de revelado.
Cuéntame, ¿qué pasó, ¿cómo quedaron las fotos?
En ese momento todo el revelado era manual y por mi inseguridad le di medio minuto más de revelado y salió medio quemado. Lucho Garro me dijo: marca tú los contactos. Marqué 10 fotografías y aprobó mi trabajo, “muy bueno”, me dijo. En el Suplemento Deportivo del lunes salieron cuatro fotos mías en formato grande y en la portada. En la reunión editorial de ese lunes, donde se juntaba el director con los jefes de todas las áreas para hacer una evaluación, con los diarios de la competencia, cuando salió Lucho Garro, me repitió: “está bien”. En el suplemento salió mi nombre, lo llevé a mi casa y todo el día estuve viendo las fotos y mi nombre en ellas. Tenía 19 años.

¿Qué vino después?
Después de eso yo seguía en laboratorio, pero al mismo tiempo me salía con mi cámara a tomar fotos de iniciativa. Había un concurso en el diario de “La foto de la semana” y “Foto de iniciativa”, y yo varias veces gané en la foto de iniciativa. El premio era un aproximado de 200 soles. Como te repito, los demás fotógrafos no me daban espacio.

¿Cómo rompiste ese círculo de celos profesionales?
De ahí ya agarré confianza y un día, yo estaba de turno y era fin de mes, y hubo un incendio en el Hotel Plaza, en el centro. Me dijeron que vaya a cubrir el incendio. Por el camino, por donde quedaba entonces la Cooperativa Santa Elisa había un hombre tirado en el piso, rodeado de gente que miraba. Me detuve, le tomé dos fotos y continué rápidamente mi camino en dirección al incendio. Al revelar las fotos, el director Alejandro Miró Quesada me pidió las fotos (del incendio) y también salieron las dos fotos del hombre desconocido. Al verlas, se percataron de que era Jaime López Raygada, quien había sido Jefe de Redacción y a la fecha Jefe del Dominical de El Comercio, a quien le había dado un infarto en plena calle. Eso fue en el año 1974, y de ahí en adelante ya seguí con mi carrera de fotógrafo de prensa.
Muy interesante, ¿cómo puedes resumir tu carrera de 55 años como fotógrafo profesional?
Después de trabajar varios años en El Comercio, pasé al diario El Observador; luego en los diarios Hoy, El Nacional, Revista Visión Peruana. También en los diarios Ídolo y Novedades, en la Revista Once, en el semanario deportivo El Potrillo. He trabajado en la Universidad de Lima, en el ICE, con ministros y mucho más. Y desde hace once años estoy en el programa solidario Pensión 65. De todo este trabajo, me queda la gran satisfacción de haber formado a una generación de excelentes fotógrafos que destacan actualmente como: Martín Alvarado, Julio Villanueva, Jorge Tello, Raúl Ponce, Juan Carrillo, Gisella Cáceres, Julio Martínez, entre otros.
