Gracias, Mundial… por distraernos de la política

En otro lenguaje
Por: Jaime Asián Domínguez


Estoy seguro de que muchos peruanos dicen para sus adentros: “No, por favor, que no se acabe el Mundial”. Y es que, desde el 11 de junio, cuando comenzó la máxima fiesta del fútbol, literalmente hemos entrado en una burbuja. Desayunamos Mundial. Almorzamos Mundial. Cenamos Mundial. Y soñamos Mundial.
Con tremendos partidazos (y todavía nos esperan la semifinal y la final) nos hemos olvidado, aunque sea por un rato, de que en apenas medio mes Keiko Fujimori asumirá la Presidencia de la República. De que volveremos a tener un Parlamento bicameral y vaya uno a saber qué especímenes habremos de soportar. De que la violencia sigue haciendo de las suyas en las calles (ayer atacaron a balazos el bus de la orquesta ‘Las Estrellas de la Cumbia’ y dejaron tres heridos) mientras Balcázar continúa en la luna de Paita.
Han sido 39 días de una catarsis colectiva en los que, aunque la Selección Peruana no participa del torneo, hemos exteriorizado emociones, pasiones y, por qué no decirlo, también nuestros traumas. No se trata de una amnesia total frente a los problemas que vive el país, pero sí de un tubo de escape frente a las artimañas políticas y los conflictos sociales que diario nos enferman el cuerpo y el espíritu.
Se dice que el fútbol es el opio del pueblo. Pues bien, en el Perú esa premisa se cumple al pie de la letra. Hemos estado -y seguimos- adormecidos, anestesiados por el balompié, esa poderosa herramienta de distracción masiva, justo cuando se instala un nuevo gobierno por el que el 50% de compatriotas no votó y los problemas políticos y económicos siguen acechando.
Y no olvidemos que tenemos encima a El Niño, un fenómeno que promete traer más vicisitudes, especialmente para la gente de a pie, esa que casi siempre termina pagando los platos rotos.
De manera que ¡gracias, Mundial! Nos has hecho olvidar que otra manada de aventureros ya afila los colmillos para participar en las Elecciones Regionales y Municipales de octubre, algunos incluso sacándole la vuelta a la ley. Gracias, Mundial, por hacernos olvidar que la gasolina sigue igual de cara.

Pero toda burbuja termina por reventar. El pitazo final llegará y las tribunas volverán a quedarse en silencio. Entonces, cuando la pelota deje de rodar, el Perú seguirá ahí, esperándonos con los mismos problemas de siempre… y con varios nuevos que ya vienen calentando en la banca.


“Se dice que el fútbol es el opio del pueblo. Pues bien, en el Perú esa premisa se cumple al pie de la letra”.

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