Aldo Mariños, la minería de pataz y el escolta que apareció en la ruta del secuestro y crimen en Trujillo

Escolta y chofer de Aldo Mariños declararon ante la Fiscalía que estuvieron en el vehículo que trasladó a un hombre armado vestido como policía tras el ataque.

 El vínculo de ambos con el candidato regional y sus antecedentes políticos ligados a la minería artesanal de Pataz abren nuevas interrogantes que deberán ser esclarecidas por la investigación

Las declaraciones ante la Fiscalía de dos jóvenes que aseguran trabajar para Aldo Mariños los colocan en una escena que hoy es materia de investigación: la madrugada en que un empresario minero fue secuestrado y cuatro personas fueron asesinadas en Trujillo, ambos habrían trasladado en un vehículo a un hombre armado que vestía como policía. Fotografías revisadas por Lima Gris muestran además a uno de ellos acompañando de cerca al candidato en actividades proselitistas. Aldo Mariños fue alcalde provincial de Pataz y hoy es candidato al Gobierno Regional de La Libertad.

Durante los últimos años construyó una posición pública de defensa de los pequeños mineros y de la llamada minería artesanal. Ha cuestionado las restricciones del Registro Integral de Formalización Minera (REINFO), ha reclamado mayores facilidades para la formalización y ha respaldado demandas de sectores mineros de Pataz. Mariños también ha sostenido que no se puede colocar en el mismo saco a todos los mineros artesanales y a las organizaciones criminales que operan en la zona. El problema es que Pataz no es un territorio cualquiera. Allí conviven minería formal, minería artesanal, minería informal, minería ilegal y estructuras criminales que disputan territorios, socavones y rentas millonarias. Por eso, cualquier relación política o laboral con personas vinculadas a ese mundo requiere una explicación particularmente rigurosa.

LA MADRUGADA QUE CAMBIÓ LA HISTORIA

La madrugada del domingo 30 de agosto de 2026, Trujillo fue escenario de un hecho brutal: el secuestro del empresario minero Jenns Lara Tantaquilla y el asesinato de cuatro personas. En medio de la investigación apareció un elemento inesperado. Dos jóvenes que se encontraban a bordo de un Nissan Versa blanco declararon ante la Fiscalía. Sus nombres quedaron consignados en las actas: Gianmarco Javier Medina Mija, de 20 años, y Eliezer Abdías Medina Vílchez, de 23. entonces cuando apareció un hombre vestido aparentemente como policía y subió al vehículo. El sujeto llevaba casco táctico, chaleco antibalas táctico, un distintivo con la palabra “Policía”, botines y un arma de fuego. Los dos jóvenes dijeron que inicialmente creyeron que realmente se trataba de un efectivo policial.

Hay un detalle que resulta especialmente llamativo: el hombre permanecía en silencio y revisaba su teléfono celular. Lo relevante no es solamente que ambos fueran primos. Lo relevante es a quién dijeron prestar servicios. Gianmarco Medina manifestó que trabajaba como escolta de Aldo Mariños desde hacía aproximadamente un mes y que recibía S/ 650 quincenales. Eliezer Medina declaró ser chofer privado de Mariños, desde hacía aproximadamente un mes y medio, con una remuneración cercana a S/ 1.300 mensuales.

Es decir, según sus propias declaraciones, no se trataba de dos desconocidos que pasaban circunstancialmente por el lugar. Eran dos personas que afirmaban mantener una relación laboral directa con el candidato al Gobierno Regional de La Libertad. Y ambos estaban juntos aquella madrugada.

EL HOMBRE VESTIDO DE POLICÍA

Según el testimonio conocido, alrededor de las 2:10 de la madrugada escucharon detonaciones. Después circularon por las inmediaciones. Fue Cuando observaron un patrullero con la circulina encendida, le preguntaron si quería que lo dejaran con quienes suponían eran sus compañeros. El sujeto se negó e inmediatamente es indicó que siguieran. Y ellos continuaron. Posteriormente, según la declaración, advirtieron que tenía acento venezolano. El hombre les habría ordenado llevarlo hasta el pasaje Santa Rosa. Allí, según la versión testimonial, sacó una pistola, apuntó hacia la parte delantera del automóvil y les advirtió que no habían visto nada y que regresaran a sus casas. La explicación de los ocupantes es, por tanto, que actuaron bajo amenaza. Esa versión debe ser corroborada. Pero existe un hecho que permanece: El hombre armado fue trasladado en el vehículo.

EL REGRESO AL LUGAR

La historia no terminó allí. Después de dejar al supuesto policía, los dos jóvenes dijeron que comunicaron lo ocurrido al propietario o arrendador del vehículo, y regresaron. Según la declaración de Gianmarco Medina, el efectivo policial que alquilaba el Nissan a su primo acudió con ellos hasta el lugar donde habían dejado al sujeto. El policía ingresó al pasaje. Los jóvenes dijeron que no pudieron observar hasta dónde llegó. vehículo. Los dos relataron haber trasladado a un hombre armado que vestía como policía. Eliezer Medina, por su parte, declaró que realizó una videollamada a Juan Daniel Abanto, a quien identificó como suboficial de segunda de la Policía, para contarle lo ocurrido.

Aquí aparece una de las primeras preguntas que la investigación debe responder. ¿Quién era exactamente el policía mencionado por los declarantes? Y una segunda: ¿Era la misma persona a la que Eliezer Medina identificó como Juan Daniel Abanto? Las actas conocidas no permiten establecer inequívocamente que ambas referencias correspondan a una sola persona. Hay otra contradicción que requiere explicación. Eliezer Medina señaló que el Nissan Versa blanco pertenecía a un compañero identificado como Cristhian Daniel Geldres Quispe. Gianmarco Medina declaró que el vehículo era alquilado a su primo por un efectivo policial. La Fiscalía tendrá que determinar quién era realmente el propietario, quién tenía el control del vehículo y quién autorizó su utilización aquella madrugada.

EL DATO QUE CONECTA LAS DOS HISTORIAS

Aquí aparece el punto más sensible. Uno de los ocupantes del vehículo afirmó ser escolta de Aldo Mariños. El otro dijo ser su chofer. Ambos eran primos. Ambos estaban juntos. Ambos estuvieron en el La conexión con Aldo Mariños generó interrogantes en la investigación. Según fuentes, existe la tesis de que estás conexiones no se trataría de algo casual. Con las nuevas declaraciones hay un giro en la línea de investigación que colocaría al candidato al Gobierno Regional de La Libertad en los alrededores de una historia de oro y sangre. Tras las declaraciones hay una pregunta concreta: ¿Qué hacía el escolta de un candidato al Gobierno Regional de La Libertad en una secuencia inmediatamente posterior a un ataque criminal de esta magnitud? Y existe otra pregunta todavía más delicada: ¿Por qué, después de supuestamente haber sido amenazados por un hombre armado, regresaron al lugar acompañados por un efectivo policial? las respuestas deberán aparecer en la investigación fiscal

. PATAZ VUELVE A APARECER

La otra parte de esta historia conduce nuevamente hacia Pataz. Mariños ha desarrollado una defensa política de la minería artesanal y ha cuestionado el REINFO. Ha sostenido que el Estado debe facilitar la formalización de quienes desarrollan esta actividad y ha rechazado que todos los mineros artesanales sean tratados como ilegales. En enero de 2026, el entonces presidente del Consejo de Ministros, Ernesto Álvarez, lanzó cuestionamientos públicos contra Mariños y formuló afirmaciones sobre supuestos familiares relacionados con actividades mineras. Mariños negó categóricamente esas afirmaciones y exigió pruebas.

Ese antecedente tampoco demuestra participación en actividades ilícitas. Pero explica por qué la relación política de Mariños con el mundo minero de Pataz ha sido objeto de escrutinio. Ahora aparece un segundo escenario. Esta vez no es un pronunciamiento político. Son declaraciones ante la Fiscalía. Son nombres, horarios, un vehículo, un supuesto policía armado. Y es un trabajador que afirma desempeñarse como escolta del candidato.

Finalmente, las mismas actas muestran que dos personas que declararon mantener un vínculo laboral directo con Aldo Mariño. Eso convierte el caso en un asunto de interés público, debido a que existe la conexión con un candidato al Gobierno Regional de La Libertad. Por su parte, la Fiscalía tiene que esclarecer quién era el hombre uniformado, quién lo ayudó a movilizarse, qué ocurrió después de su ingreso al pasaje Santa Rosa y qué relación existe entre todos los protagonistas. En Trujillo, las declaraciones de un escolta y un chofer han colocado a un candidato regional frente a una pregunta incómoda. ¿Qué ocurrió realmente aquella madrugada y por qué dos personas que trabajaban para Aldo Mariños terminaron en la ruta de un hombre armado vinculado temporalmente a uno de los crímenes más graves ocurridos recientemente en Trujillo.

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