A ver si el domingo votamos con la cabeza

En otro lenguaje

Por: Jaime Asián Domínguez

Las elecciones del próximo domingo, regionales y municipales, son otra oportunidad para que la gente, el votante peruano, pueda resarcirse de las sendas metidas de pata de los últimos años en las urnas, tanto a nivel nacional como subnacional, salvo contadas excepciones.

En esta oportunidad vamos a darle el poder a 25 gobernadores regionales, 196 alcaldes provinciales y 1,696 alcaldes distritales, y basta de apostar por cacasenos, aventureros, investigados y avivatos que, con artimañas como la postulación a primer regidor para reelegirse de manera encubierta como burgomaestres, buscan asegurarse la rica teta del Estado.

Recuerden, por ejemplo, que la función principal de los alcaldes es defender y cautelar los derechos e intereses de la municipalidad y de los vecinos -o sea, usted- y, entonces, el próximo 4 de octubre evite equivocarse al marcar la cédula de votación, porque estamos hablando de autoridades locales, las que están -o deberían estar- más cerca de nuestros problemas. Y de los gobernadores solo mencionar que varios han terminado presos por coimeros.

Insistimos en esta recomendación porque ya es hora de darle vuelta al proverbio del filósofo francés Joseph de Maistre de que “cada pueblo tiene los gobernantes que merece” y apostar a ganador; es decir, por quien tenga vocación de servicio, resuelva males, haga obras sin pensar en llenarse los bolsillos y ejerza liderazgo. Los fanfarrones, malcriados y vendehúmos tendrían que quedar relegados de esta fiesta democrática.

El consejo final es que, al momento de decidir el voto, no apelemos a la política de las piaras -“voy por donde van los demás”- y tomemos solo como referencia las encuestas de opinión, porque hay sondeos para todos los gustos y billeteras. Estas empresas ya han tropezado frente a los ojos de la población, sobre todo en los comicios generales; sin embargo, no escarmientan.

Y quizá ahí esté el verdadero reto: que el ciudadano de a pie de una vez por todas aprenda a votar. No vale quejarse después de las autoridades que elegimos; hay que asumir que cada voto es una decisión que tiene consecuencias en nuestra vida diaria. Votar bien significa dejar de elegir por costumbre, simpatía, camiseta o simple arrastre y tomarse el trabajo de conocer a quien se le entregará el poder. Si seguimos sufragando a ciegas o porque nos regalan politos u ofrecen chamba, no podemos esperar resultados distintos. La democracia también se aprende, y sería bueno que el domingo venidero empecemos por la lección más sencilla: elegir mejor.

—

“Los fanfarrones, malcriados y vendehúmos tendrían que quedar relegados de esta fiesta democrática”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *