Votar para elegir, botar para limpiar

En otro lenguaje

Por: Jaime Asián Domínguez

Más del 50% de electores todavía no decide por quién diablos votar; es decir, medio país sufragante sigue en el limbo frente a esta manada de candidatos presidenciales -36 en total, qué barbaridad- que ofrece todo tipo de sandeces en busca de la adhesión ciudadana.

Así las cosas, con este nivel de incertidumbre plasmado en la última encuesta de Datum Internacional publicada ayer, hasta Condorito podría llegar a Palacio de Gobierno. En efecto, aún no asoma el outsider que tanto esperan tirios y troyanos; sin embargo, sí hay candidatos que, en la recta final, como en las carreras en el Jockey Club, empiezan a meterse por los palos con harto látigo.

De manera que la señora Keiko Fujimori y Rafael ‘Porky’ López Aliaga, supuestamente punteros hasta el momento, harían bien en tomarle foto a la tabla de posiciones, porque es consabido que en nuestro país cualquier cosa puede ocurrir y nada garantiza que sean ellos quienes pasen a la segunda vuelta. A la lideresa naranja en la puerta del horno se le ha quemado el min pao tres veces consecutivas.

Quienes siguen esta columna saben perfectamente que no ponemos las manos al fuego por ninguna de las encuestadoras; empero, lo que nadie puede negar es que todas exhiben algo tangible: si pudiera, la gente no iría a votar, lo que se traduce en el abultado porcentaje de ciudadanos que opta por el voto en blanco, nulo o viciado.

La clase política que nos gobierna y que pretende seguir en la mamadera -por ejemplo, 88 de los actuales impresentables legisladores buscarán reelegirse el 12 de abril en el Congreso bicameral- es un asco, y los caudillos de las bancadas que han llevado al Perú al despeñadero son, precisamente, los que se desgañitan para seguir bebiendo las mieles del poder. A ver si el electorado se hace una, ya basta de empoderar a tanto cacaseno.

En ese contexto, más que una elección, lo que se perfila faltando 19 días es un acto de resignación colectiva: votar no por convicción, sino por descarte. Y mientras la oferta política continúe atrapada entre el oportunismo, la improvisación, la payasada y el reciclaje de siempre, el verdadero outsider seguirá siendo, paradójicamente, el sentido común que, dicho sea de paso, no se compra en la bodega de la esquina.

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