La infidelidad convertida en reality

El ampay de Mario Irivarren, Said Palao y Patricio Parodi en Argentina destapa algo más que una juerga

  • Un análisis de cómo la infidelidad se ha convertido en el combustible perfecto del rating en Chollywood.

Por: Marcos Domínguez

Estos guerreritos se creen dueños del mundo y, como tales, asumen una licencia para hacer lo que les da la gana, llevándose por delante sentimientos, honras, respetos. Habitan ese inmenso escenario llamado Chollywood, donde el amor parece un libreto mal aprendido y la fidelidad apenas un accesorio de utilería que se olvida tras bambalinas.

Ahí están los congéneres de Mario Irivarren, Patricio Parodi y Said Palao, protagonistas de una tragicomedia repetida: romances que nacen entre cámaras y mueren en la clandestinidad de un yate. Said, recién casado con Alejandra Baigorria, aparece en Argentina jugando a ser soltero, como si el compromiso fuera una prenda que se puede quitar al cruzar la frontera. Y entonces resuena esa vieja herida musical: “Perdóname… si te hago llorar”, como si el perdón pudiera borrar la escena ya emitida.

En redes sociales se preguntan cómo alguien puede traicionar a una mujer como Onelia Molina. Pero la respuesta parece escrita en la misma partitura de siempre: hay hombres que aman con la misma intensidad con la que olvidan. Como cantaría José Luis Perales, “¿y cómo es él?”, pregunta que no busca nombre sino explicación. Onelia, distinta a ese ecosistema de cuerpos esculpidos y egos inflados, representa lo que no encaja en el show: una vida real, una profesión, un amor sin cámaras. Tal vez por eso duele más.

INFIDELIDAD EN HORARIO ESTELAR. Said pide perdón entre lágrimas, mientras las graderías -ese público siempre ávido- claman sentencia. Pero en Chollywood el castigo dura lo que dura el rating. Hoy eres villano, mañana invitado. Y mientras tanto, la sospecha de que Baigorria sostiene más que un matrimonio flota como un rumor incómodo, alimentado por las dentelladas mediáticas.

Lo de Patricio Parodi no sorprende: una lista de nombres que parecen capítulos de una serie interminable. Él dice no haber fallado a nadie, escudado en la soltería, pero el contexto lo traiciona. Porque no se trata solo de estados civiles, sino de códigos. Y en ese yate -convertido en en una rana- los códigos naufragaron hace rato. Como diría Leo Dan, “te he prometido que te he de olvidar”, pero nadie olvida del todo cuando hay cámaras grabando.

Pero hay algo más crudo detrás del escándalo: la infidelidad convertida en combustible. Cuando el rating tambalea y la crítica arrecia, aparece el ampay como tabla de salvación. El engaño deja de ser solo un error moral para transformarse en estrategia narrativa. Lágrimas en primer plano, pedidos de perdón en vivo, paneles discutiendo lo indefendible… todo suma. En ese engranaje, el dolor íntimo se vuelve mercancía y la traición, paradójicamente, fideliza audiencias. Como en aquellas letras dolidas de Camilo Sesto, “vivir así es morir de amor”, pero aquí se vive -y se factura- del desamor.

Así es Chollywood: un carrusel de romances que giran al ritmo del escándalo. No son los primeros ni serán los últimos. La infidelidad aquí no es excepción, es argumento. Los programas se alimentan de estas historias, las estiran, las dramatizan, las convierten en espectáculo. El dolor ajeno se edita, se musicaliza, se vende.

Y al final, cuando se apagan las luces, queda lo único que nunca entra en guion: el silencio de quien creyó en el amor mientras el otro ensayaba la traición. Y, sin embargo, pese a tanto cinismo, el amor sigue asomándose como un acto de fe. Porque siempre habrá alguien que, lejos del ruido, crea en lo sencillo: en una mirada que no miente, en una promesa que se cumple cuando se apagan las cámaras. Quizá el verdadero romanticismo en Chollywood no esté en las historias que se exhiben, sino en las que sobreviven en silencio. Esas que no necesitan rating ni escándalo, solo dos personas dispuestas a cuidarse… como en esas canciones antiguas donde amar no era espectáculo, sino destino.

“Lágrimas en primer plano, pedidos de perdón en vivo, paneles discutiendo lo indefendible… todo suma”.

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Años tiene Baigorria y 32 Said.

Onelia Molina: “Yo me retiro de esto en paz y con la tranquilidad de saber que hice las cosas bien, que actué bien, que actué desde el amor, el respeto y sobre todo desde los valores que en mi casa me inculcaron”.

 Mario Irivarren: “Lo más importante es pedirle disculpas a Onelia. Sé que le fallé, la decepcioné, le pido perdón desde lo más profundo de mi corazón. Onelia es la mejor mujer que conocí en mi vida”.

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