En otro lenguaje
Por: Jaime Asián Domínguez

¿Han visto los avisos de César Acuña? “Si Acuña lo dice, Acuña lo hace” es la frase central que nos vende por calles, plazas y carreteras. Cualquier publicista con dos dedos de frente le diría que por ahí no vaya, porque lo que dice no necesariamente se entiende: raya en lo ridículo y casi siempre termina convertido en meme. Si lo que dice no se entiende, no hay mucho por hacer, y el discurso del popular ‘plata como cancha’ se reduce a simples monosílabos, muy lejos de una propuesta de gobierno que haga tambalear a sus rivales.
Keiko Fujimori ha apostado por colgarse del saco de su padre, el exdictador Alberto Fujimori, y asegura que “ya lo hicimos, vuelve el orden”. ¿Realmente la ‘China’ -por siaca, su canción de campaña se llama ‘El ritmo de la China’, un símil de ‘El baile del Chino’- contribuyó con algo bueno para el país? Habría que preguntarse primero a qué orden se refiere. Ella asume los supuestos activos del fujimorismo, aunque también sería interesante preguntarle a Kenji, el engreído del expresidente, qué piensa al respecto. Estamos seguros de que, por lo menos, diría: “tampoco, tampoco”.
Rafael López Aliaga, el autollamado ‘Porky’, apuesta en sus banners únicamente por el lema ‘Presidente 2026’. Tal vez porque, como alcalde de Lima -cargo que dejó para buscar el Palacio de Gobierno-, quedó en deuda con varias de sus promesas. La anunciada “Lima potencia mundial” no aparece por ningún lado, y tampoco se ven avances claros en la priorización de la seguridad y los servicios básicos que ofreció.
Es fácil prometer, pintar pajaritos en el aire o seducir a las nuevas generaciones con frases efectistas. Pero ahí entra a tallar la responsabilidad del elector, del votante que debe auscultar la historia y revisar trayectorias para que no le den gato por liebre, sobre todo cuando se promete de todo en materia de seguridad.
Más allá de los slogans, las canciones o los banners gigantes, lo que está en juego es el futuro del país. Las elecciones están a la vuelta de la esquina y el próximo domingo 12 de abril los ciudadanos tendremos que decidir con la cabeza fría y la memoria despierta. No se trata de elegir al que grite más fuerte o baje de peso, sino al que realmente tenga la capacidad y la seriedad para gobernar. El voto, al final, es el único antídoto que tenemos contra la amnesia política.
“Más allá de los slogans, las canciones o los banners gigantes, lo que está en juego es el futuro del país”.